jueves, 8 de agosto de 2024

Rinde la UNAM homenaje a Rosario Castellanos



Gaceta UNAM

Numero 5493

08 de agosto de 2024

Ciudad Universitaria

Laura Lucía Romero Mireles 


A medio siglo de su fallecimiento, es reconocida como una de las mejores poetas, novelistas y ensayistas de la literatura mexicana, pero también latinoamericana y mundial.


Foto: Ricardo Salazar Ahumada, Archivo Histórico de la UNAM, IISUE.

Acinco décadas de su fallecimiento y casi cien de su nacimiento (25 de mayo de 1925), la UNAM rindió un homenaje a la presencia y escritura de Rosario Castellanos, reconocida como una de las mejores poetas, novelistas y ensayistas de la literatura mexicana, pero también latinoamericana y mundial.

En la Jornada Académica y Cultural por su 50 aniversario luctuoso denominada Rosario Castellanos, un resplandor único, Patricia Dávila Aranda, secretaria general de esta casa de estudios, recordó que la vasta trayectoria de la autora incluye la promoción de la cultura, la docencia, el periodismo y la diplomacia, y “no queda duda de que su obra e historia quedan para la posteridad”.


Castellanos, dijo, fue una mujer universitaria viviendo y luchando ante la adversidad de una época muy difícil. “Ella logró derrumbar las barreras que aún hoy muchas mujeres enfrentan en su cotidianidad. Nos enseña, con una actualidad que duele, pero al mismo tiempo alienta, que para nosotras nada es imposible y todo lo podemos alcanzar”.


Lo que escribía, lo que criticaba esta mujer valiente, provocadora, llegaba a muchas otras. “Algunas encontramos en sus palabras una guía para tratar de conducirnos sin atajos, con decisión, aunque a veces con miedo e incertidumbre, para transitar por el camino de la libertad, luchar y hacer valer las ideas de equidad y justicia que han trascendido dentro y fuera de la Universidad”, destacó la funcionaria.


Su obra es un referente también para las mujeres que han nacido en este siglo; sus escritos, sus pronunciamientos sentaron las bases para consolidar lo que muchas poseen: plenitud y seguridad en sí mismas. Sin embargo, aún vemos las dificultades y adversidad que otras enfrentan cada día en su andar. Duele reconocer que persiste la misoginia, el acoso, la violencia, el desprecio, la discriminación y otros comportamientos inaceptables, y esto nos recuerda que falta mucho por hacer para que todas las mexicanas anhelen y alcancen su plenitud. Rosario Castellanos es tan actual como lo fue hace cinco décadas, concluyó Dávila.


Marisa Belausteguigoitia, Gabriel Guerra Castellanos, Mary Frances Rodríguez, Patricia Dávila, Rosa Beltrán y Miguel Armando López Leyva. Foto: Francisco Parra.

Centenario Filosofía y Letras

Mary Frances Rodríguez Van Gort, directora de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), mencionó que esta conmemoración (realizada como parte del XXXI Coloquio Internacional de Estudios de Género) se enmarca en el centenario de la entidad a su cargo, celebración que incluirá diversas actividades, entre ellas un coloquio internacional, inter y transdisciplinar en el que se abordarán temas fundamentales de la sociedad que preocupaban a Castellanos: la migración, la crisis ambiental y la educación.


“Algunos datos que constan en el expediente que tenemos en la Facultad, señalan que Rosario Castellanos Figueroa nació el 25 de mayo de 1925 en Ciudad de México, aunque cursó su educación básica y preparatoria en Comitán, Chiapas. Estudió la carrera de Filosofía en esta Facultad entre 1944 y 1946, y en 1950, a los 25 años, se graduó de la maestría en Filosofía. Luego cursó en la Universidad de Madrid un posgrado en Estética, entre 1950 y 1951”.


Fue profesora titular en la entidad en diversas asignaturas como literatura comparada, novela contemporánea y el seminario de crónica; también fue integrante del Consejo Técnico de la Facultad, y jefa del Departamento de Información y Prensa de la UNAM entre 1960 y 1966. “En la Facultad tenemos un busto que nos la recuerda todos los días. Aquí se le ha rendido homenaje vivo, siempre”.


Gabriel Guerra Castellanos, analista político e hijo de la escritora homenajeada expuso que la Universidad fue siempre el espacio natural, vital de su madre, como alumna, docente y funcionaria. “También fue mi espacio cuando ella venía a dar clase al entonces Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras, donde participó activamente. Estoy profundamente orgulloso de todo lo que ella hizo y de llevar su apellido”.


Sin embargo, recalcó, 50 años después, los grandes temas que narró, describió y denunció siguen vigentes: la exclusión de la mujer, la doble exclusión de la mujer indígena, la triste y marginada condición de los indígenas de México, el centralismo político, académico e intelectual, todo sigue ahí, “y no sé si esto la hace visionaria o a nosotros, como sociedad, lentos de aprendizaje”.


En el encuentro organizado por el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG), las coordinaciones de Humanidades y Difusión Cultural –mediante las direcciones General de Publicaciones y Fomento Editorial, y de Literatura y Fomento a la Lectura– y la FFyL, refirió que el mejor homenaje que se le puede rendir a un escritor es leerlo, “así que los invito a leer y releer a Rosario Castellanos”.


Foto: IISUE/AHUNAM/Colección Ricardo Salazar Ahumada/Rosario Castellanos/RSA-1476.

Narradora sólida

El coordinador de Humanidades, Miguel Armando López Leyva, opinó que esta es una ocasión especial, para hablar en torno al aniversario luctuoso de una mujer que dejó un legado muy importante para nuestro país y para el territorio universal de la literatura.


Con este encuentro nos proponemos contribuir a difundir el legado de una de las narradoras más sólidas de las letras mexicanas, como dijera Eduardo Mejía; sirva este acto como un merecido reconocimiento a una escritora mexicana, universitaria excepcional, constructora del mundo que decidió vivir y del que todavía se sigue escribiendo.


En el Aula Magna de la FFyL, la coordinadora de Difusión Cultural, Rosa Beltrán, mencionó que el encuentro es un homenaje a una de las más grandes autoras mexicanas y universales, una personalidad sorprendente que sin importar lo que estuviera viviendo, nunca dejó de escribir.


Fue viajera por todos los géneros, teatro, poesía, narrativa, novela, cuento. En la Facultad, todos querían estar en su clase. Erudita, brillante, con un sentido del humor extraordinario, además daba conocimientos actuales; ella inauguró las clases de literatura comparada.


“Debe haber otro modo de ser mujer; debe haber otro modo de ser humano y libre”; esa frase de Rosario nos la seguimos repitiendo y seguimos buscando esas estrategias. Se ha reconocido que después de Sor Juana, Castellanos es la escritora “con mayúsculas”, finalizó.


Marisa Belausteguigoitia, directora del CIEG, explicó que en todos los formatos de esta jornada y coloquio, presentaciones de libro, conferencias, conversatorios, lectura poética, “buscamos delinear a Rosario Castellanos como una persona compleja, llena de contradicciones y de múltiples voces, una de ellas estructural, la de su imaginación, pero no cualquiera, aquella que la capacita para fabular, anticipar y ofrecer a las mujeres, para su apropiación y uso, una conciencia para habitarla”.


Desde la imaginación irónica propone a las mujeres un lugar para sí: frente a la omisión, un signo; frente a la insignificancia, una palabra; frente al silencio, una gramática. La escritora invita a la imaginación de una conciencia y con ello diseña un lugar no sólo en la familia, el trabajo o la sociedad, sino en la gramática y el discurso, en la palabra.


La coordinadora de la cátedra. Foto: Francisco Parra.



Metáfora del fuego

En la conferencia Aquí arder, aquí hablar, Sara Uribe, coordinadora de la Cátedra Extraordinaria Rosario Castellanos de Literatura y Géneros de la UNAM, expresó que en la poética de la autora, la metáfora del fuego emerge inicialmente vinculada al yo. De igual modo, en versos sucesivos aparece concatenada de manera intrínseca al lenguaje: “Esa que soy y que arde está aquí para decir, para nombrar y nombrarse”.


En esta breve y contundente declaración se trasluce, además la reiterada enunciación que la escritora formuló de múltiples modos a lo largo de toda su obra acerca de la naturaleza efímera, finita y dialéctica de nuestra condición humana. “Ser es arder, arder es hablar, por tanto, el lenguaje, las palabras son aquello que nos ofrece la posibilidad de perdurar mientras lo que somos se consume”, concluyó.


EN SUS PALABRAS, AQUEL PATRIARCADO...

El mundo que para mí está cerrado tiene un nombre: se llama cultura. Sus habitantes son todos ellos del sexo masculino. Ellos se llaman a sí mismos hombres y humanidad a su facultad de residir en el mundo de la cultura y de aclimatarse en él. Si le pregunto a uno de esos hombres qué es lo que hacen él y todos sus demás compañeros en ese mundo me contestará que muchas cosas: libros, cuadros, estatuas, sinfonías, aparatos, fórmulas, dioses […]. Ahora, si le pido permiso para entrar, me lo negará. Ni yo ni ninguna mujer tenemos nada que hacer allí.


¿Cómo es que existen libros, pinturas, estatuas o creaciones de mujeres?, ¿cómo es que lograron introducir su contrabando en fronteras tan celosamente vigiladas? Pero sobre todo ¿qué fue lo que las impulsó de modo tan irresistible a arriesgarse a ser contrabandistas?


Fragmentos de la tesis de maestría de Rosario Castellanos, titulada Sobre cultura femenina, presentada en 1950 ante la Facultad de Filosofía y Letras, donde exhibía el machismo imperante en la sociedad.


Fuente: Romero Mireles, L, L. “Rinde la UNAM homenaje a Rosario Castellanos”. Gaceta UNAM, 08 de agosto de 2024, núm 5493. Recuperado de: https://www.gaceta.unam.mx/rinde-la-unam-homenaje-a-rosario-castellanos/ 

BECAS UNAM-SI 2024-2025

  BECAS EN INSTITUCIONES CON PLANES DE ESTUDIOS INCORPORADOS A LA UNAM

CICLO ESCOLAR 2024-2025






miércoles, 7 de agosto de 2024

Rosario Castellanos, pionera y precursora de ideas feministas: Sara Uribe

Gaceta UNAM

Numero 5492

05 de agosto de 2024

Ciudad Universitaria


Alejandra del Castillo 


“Basta; si alguien preguntara, yo podría decir algo acerca de lo femenino…”

“Ella crea espacios dentro de su poesía, teatro, narrativa y ensayo en los que nos muestra a mujeres que no siguen las normas”   


Foto: Diana Maldonado.

La escritora Sara Uribe recita una a una las palabras del poema Meditación del umbral de Rosario Castellanos. Así Rosario, a través de la especialista universitaria, nombra a Ana Karenina, Madame Bovary, Santa Teresa de Jesús, Sor Juana, Jane Austen, Emily Dickinson, Safo, Valeria Mesalina, María Egipciaca, María Magdalena y a Clemencia Isaura, y la razón por las que las reúne es para decir que no es la solución ser ellas porque debe haber otra forma de ser humana y libre… otro modo de ser mujer.

Lo que Rosario no dice de forma explícita al nombrarlas es que está hablando de soluciones que terminen con la vida, de sufrimiento, soledad, rechazo y sobre dejar de escribir.


Hija de la Universidad Nacional Autónoma de México, Rosario Castellanos estudió la licenciatura y la maestría en la Facultad de Filosofía y Letras, y fue jefa de Prensa y Difusión para esta casa de estudios de 1961 a 1966.


Es imposible no pensar en el sonido de Rosario Castellanos con el clac clac de una máquina de escribir. Sus dedos marcaban sus letras con poesía, cartas, cuentos, ensayos, reflexiones o artículos periodísticos. Pero cuando Rosario escribe la palabra “basta” en sus textos, la lectura se detiene con un abrupto freno de mano.


“Basta”, escribe en Sobre cultura femenina, la tesis para obtener el grado como maestra en Filosofía. Es 1950 y ella escribe mientras tiene 24 o 25 años. Se pregunta si existe una cultura femenina. La interrogación es hábil, porque ella conoce la respuesta, una respuesta sin vigencia, actual. Sin embargo, la provocación con la que inicia el texto estaría olvidada por más de medio siglo, según las palabras de Gabriela Cano, autora del prólogo en la edición actual del Fondo de Cultura Económica.


¿Por qué estuvieron dormidas las letras de Castellanos durante tanto tiempo si la importancia de su diálogo podría estar vigente en la lucha feminista del siglo XXI?


Sara Uribe, coordinadora de la Cátedra Extraordinaria Rosario Castellanos de Literatura y Géneros de la UNAM, valora: “Rosario Castellanos es una de las escritoras más importantes del siglo XX, no sólo en México y en Latinoamérica, sino en el mundo; y tanto en el pasado como en el presente su obra ha desempeñado un papel importantísimo, también para las literaturas que hablan y denuncian la opresión sobre los pueblos originarios, además de las literaturas que exploran los terrenos del feminismo y, por supuesto, para la literaturas que se arriesgan a trabajar dentro de los géneros literarios efectuando experimentaciones y trabajos con el lenguaje que producen cuestionamientos de la realidad, que nos lanzan preguntas importantes para cuestionar el status quo de las cosas”.


Planteada la pregunta con la que inicia la tesis de Rosario, Sobre cultura femenina, advierte el rumor con el que los hombres, un coro de hombres cuerdos, han sentenciado la existencia de mujeres cultas y creadoras de cultura como una alucinación, un espejismo o una morbosa pesadilla.


Entonces cita a Schopenhauer: “Sólo el aspecto de la mujer revela que no está destinada ni a los grandes trabajos de inteligencia ni a los grandes trabajos materiales. Paga su deuda a la vida no con la acción sino con el sufrimiento: los dolores del parto, los inquietos cuidados de la infancia: tiene que obedecer al hombre, ser una compañera paciente que le serene”.


Sigue con Otto Weininger: “La mujer no es otra cosa que sexualidad: el hombre es sexual pero también algo más”.


Continúa con Georg Simmel como defensor del sexo femenino: “La poesía son creaciones del varón y como, por ahora al menos, las formas poéticas específicamente femeninas, aunque posibles, quedan aún recluidas en las regiones de Utopía”.


No sólo son ellos: Nietzsche, Eurípides, Molière, Balzac y Heine, como hombres cuerdos, también hacen tales afirmaciones.


“Basta”, escribe de nuevo Rosario: “¿Es que no ha habido ni una sola voz que disuene de este tono burlón o del otro insultante?”


Las referencias las ha tomado del libro Lo bueno y lo malo que se ha dicho de las mujeres, de Émile Deschanel. El texto también tiene su parte positiva dedicada a las mujeres, llena de labios de coral, cuellos de cisne, ojos de zafiro o cuando ellos recuerdan que “también han tenido una madre y que, extraña, inexplicable coincidencia, era una mujer”.


En la segunda parte de la tesis de maestría, Rosario dice: “Si alguien me lo preguntara yo podría decir algo acerca de lo femenino”, y es que desde el descrédito de las voces de señores de sabiduría indiscutible, Castellanos lo sabe: “Desde su punto de vista, yo (y conmigo todas las mujeres) soy inferior. Desde mi punto de vista, conformado tradicionalmente a través de lo suyo, también lo soy”.



Otros modos de ser

Rosario tenía voz y no iba a renunciar a ella. Desde la Utopía la compartiría y además haría hablar a los personajes femeninos en una época sin voz para ellas.


La Sara Uribe que también escribe sobre la escritora chiapaneca no lo duda: “Una de las grandes aportaciones de Rosario Castellanos con respecto al tema de la voz de las mujeres es que ella crea espacios dentro de su poesía, su teatro, su narrativa y ensayo en los que nos muestra a mujeres que no siguen las normas, que no siguen las reglas, y en ese sentido construye contranarrativas que nos permiten cuestionar las narrativas hegemónicas y pensar que las mujeres podemos ser o hacer cosas distintas de las que se nos han instruido que debemos de hacer. Entonces, en la época en la que ella escribió, que estuviera hablando, por ejemplo, de temas como la maternidad, el trabajo doméstico… preguntando por qué no había un pago para el trabajo doméstico y que en algunas de sus obras como El eterno femenino hiciera una reescritura de personajes históricos emblemáticos para mostrarnos esos otros posibles modos de ser… Que cuestionara esos sitios y esos lugares a donde se nos ha conminado, en su momento no fue valorado como ahora lo estamos pudiendo realmente hacer, no sólo como pionera sino además precursora de las ideas feministas en la literatura y en el pensamiento en México”.


Pero, ¿fue sencillo ser mujer, preguntarse y responder sobre la cultura femenina? El archivo histórico de la UNAM, en el expediente de la alumna Rosario Castellanos, cuenta que el 23 de junio de 1950, en el edificio de Mascarones, que era la antigua sede de la Facultad de Filosofía y Letras, se llevó a cabo el examen profesional de una las mayores intérpretes latinoamericanas de Simone de Beauvoir, frente a un sínodo conformado por Eusebio Castro, Paula Gómez Alonso, Eduardo Nicol, Leopoldo Zea y Bernabé Navarro. Se enfrentó a una risa que no pudieron contener los expertos y la audiencia que ahí la acompañaba.


Rosario lo sabía. Sabía del derecho de los hombres por residir en el mundo de la cultura y de la exclusión a ella y a sus compañeras, pero al mismo tiempo seguía con el cuestionamiento: “¿Cómo es que existen libros, pinturas, estatuas o creaciones de mujeres?, ¿cómo es que lograron introducir su contrabando en fronteras tan celosamente vigiladas?”


Basta. Rosario y las mujeres que nombra en Meditación del umbral son unas contrabandistas, ella lo sabe, pero al mismo tiempo le resuenan las palabras del filósofo austriaco y misógino Otto Weininger: las mujeres célebres son más célebres que mujeres.


Castellanos no deja de preguntarse y quiere averiguar por qué ella y las otras “se separaron del resto del rebaño e invadieron un terreno prohibido y, más que ninguna otra cosa, qué las hizo dirigirse a la realización de esta hazaña, de dónde extrajeron la fuerza para modificar sus condiciones naturales y convertirse en seres aptos para labores que, por lo menos, no les son habituales”.


Rosario se fue pero el clac clac de su máquina sigue tecleando en nuestras mentes femeninas, con la aseveración: debe haber otra forma de ser humana y ser libre… otro modo de ser mujer.



Fuente: del Castillo. A. “Rosario Castellanos, pionera y precursora de ideas feministas: Sara Uribe”. Gaceta UNAM, 05 de agosto de 2024, núm 5492. Recuperado de: https://www.gaceta.unam.mx/basta-si-alguien-preguntara-yo-podria-decir-algo-acerca-de-lo-femenino/

Los hombres deben reaprender y resignificar su masculinidad

 

Gaceta UNAM

Numero 5492

05 de agosto de 2024

Ciudad Universitaria

Patricia López Suárez    


Sus conductas en el ejercicio del poder y su creencia de “superioridad” han sido aprendidas histórica, social y culturalmente: Alejandra Salguero, de la FES Iztacala.



Para aspirar a la igualdad de género y lograr condiciones menos inequitativas entre hombres, mujeres y grupos minoritarios, es necesario estudiar más a los varones, quienes desde niños han aprendido a desarrollar ciertos patrones de conducta que construyen su masculinidad.


“Sus comportamientos para el ejercicio del poder y la creencia de ‘superioridad’ han sido aprendidos histórica, social y culturalmente, por lo que debemos analizarlos para que ellos reaprendan y resignifiquen su masculinidad”, afirmó la psicóloga y doctora en Sociología Alejandra Salguero Velázquez, profesora de la carrera de Psicología en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala de la UNAM.


Advirtió que mientras en los estudios de género se ha profundizado desde hace muchos años en la problemática de las mujeres y de la comunidad LGBTIQ+, los análisis sobre hombres datan de la década de 1990, es decir, son muy recientes, además de que no se ha logrado una amplia participación de ellos.


Salguero Velázquez ofreció la conferencia Masculinidad: reconociéndonos como agentes de cambio en nuestra comunidad, organizada por la Comisión Interna de Igualdad de Género del Instituto de Geofísica (IGf).


En el evento en línea, la especialista destacó que los varones, por el hecho de serlo, generalmente asumen y se consideran “superiores” no sólo con las mujeres, sino también con otras masculinidades jerárquicamente diferentes.


Explicó el concepto de mansplaining, que se refiere a aquellas situaciones en las que un hombre asume que sabe más que una mujer y decide explicarle cosas, con tono condescendiente o paternalista, sobre un tema del cual la mujer no ha solicitado explicaciones y del que, además, es experta.


“Sucede por ejemplo ante una compañera de trabajo con el mismo grado académico (aunque sea doctorado), a la que considera inferior, o en la familia con la pareja y las hijas, donde el hombre ejerce un rol de liderazgo”, comentó.


Este concepto es muy común en el tono y la actitud de superioridad con el que el hombre asume ser y saber más que la mujer, o en las interrupciones continuas si la fuente de la información es una mujer, detalló.


Salguero Velázquez comentó que el hecho de que los varones se sientan superiores ante mujeres que tienen la misma especialidad y experiencia tiene que ver con los aprendizajes de género de ellos.


Los patrones de género indican que por el hecho de ser reconocidos como hombres, se cree que son potencialmente portadores de ciertos atributos que se caracterizan como masculinos: capacidad de trabajo, proveedor familiar y económico, fuerza física y responsables.


“Estos atributos constituyen el referente cultural de cierto estereotipo a alcanzar, o a partir del cual se mide la masculinidad y la hombría”, explicó.


No se nace…

La especialista mencionó que no se nace, sino que se aprende a ser hombre a partir de múltiples maneras, a partir de procesos de socialización y aprendizaje en las familias (la propia y con las que se convive desde la infancia), la escuela, las amistades, el trabajo, el tiempo libre y las instituciones de salud o religiosas.


“Para aprender a ser hombres, en la relación familiar se le asignan al varón (desde niños) determinadas actividades y posiciones genéricas que dictan que “un hombre manda, le tienen que servir, las mujeres lo deben atender, está para trabajar y lograr reconocimiento y no puede hablar de sus emociones y sentimientos”, detalló la experta.


También aprenden a violentar a otros, mediante insultos y riñas callejeras, y a sí mismos, a través del alcohol, las drogas e incluso el suicidio, que es más frecuente en las mujeres, pero en los hombres es la mayoría de las veces definitivo, añadió.


Para resignificar estas conductas masculinas, y aprender a vivir con equidad de género, la especialista consideró que el primer paso es reconocerlas e intentar modificarlas, dando paso a expresiones propias de cualquier persona, como la vulnerabilidad y la exteriorización de las emociones.


Se tiene que identificar el problema o actitud, frenarla y actuar en consecuencia, sin minimizar y corrigiendo comportamientos, finalizó Salguero Velázquez.


Fuente: López Suárez, P. “Los hombres deben reaprender y resignificar su masculinidad”. Gaceta UNAM, 05 de agosto de 2024, núm 5492. Recuperado de:  https://www.gaceta.unam.mx/los-hombres-deben-reaprender-y-resignificar-su-masculinidad/